Al fondo de la Biblioteca
La Sala del Archivo
Pasados los estantes de la Biblioteca, la casa ahora guarda sus casos especiales: las placas de vidrio de un fotógrafo cuyo libro de cuentas registra una sola mentira, un plano de ciudad que se contradice a sí mismo, sobres devueltos desde direcciones que ya no existen. Examinas, comparas y sostienes una hipótesis; un cajón solo se cierra cuando la historia está completa. Nada tiene cronómetro ni puntaje: una corazonada equivocada solo significa que el cajón todavía no cierra.
Cada caso se abre a medida que tu propia lectura de los cuentos llega hasta él. Si inicias sesión, tu progreso —las cintas que atas, los casos que cierras— queda guardado en tu cuenta y viaja a cualquier dispositivo; sin sesión, permanece solo en este. El Atlas Personal traza esa línea privada de lo que encontraste, leíste y restauraste — solo tuya, sin recibir jamás una dirección pública.